Sociedad
Un agujero en la pared
Publicado originalmente en inglés en LinkedIn el 21 de enero de 2024 — ver publicación original
Ningún hombre es una isla: es un holón.
— Arthur Koestler
A lo largo de la historia de la humanidad, los individuos han enfrentado circunstancias enormemente adversas que han contribuido a su capacidad de adaptación. Irónicamente, esas mismas circunstancias también han reducido la probabilidad de supervivencia. Desde que dominó la energía atómica como arma de destrucción masiva, la humanidad ha vuelto el reloj de su existencia contra sí misma. A menos que se encuentre un equilibrio global entre razón y emoción, se seguirán diseñando misiles balísticos capaces de alcanzar cualquier continente, cualquier planeta o cualquier otro lugar del universo al que llegue esta especie. Simplemente abandonar la Tierra rumbo a Marte u otro destino no asegura la supervivencia si va acompañado de una mentalidad regresiva y ambiciosa. En ese escenario, solo sobrevivirán los magnates que puedan pagar su boleto de salvación, restándole importancia al rescate del hábitat terrestre. Eso lo vuelve más peligroso para las clases media y baja, incapaces de costear ese boleto.
Numerosos pensadores se han esforzado por dilucidar la maquinaria que llamamos mente humana, ofreciendo métodos y corrientes psicológicas para distintos casos. Sin embargo, es Arthur Koestler —novelista, ensayista, historiador, periodista, activista político y filósofo social de origen judío, nacido en Hungría— quien intentó un análisis psicológico más general y colectivo. Buscó una cura para el colapso de la civilización, aun considerándola una causa perdida o casi imposible.
La evolución de nuestra especie es crucial para entender los defectos inherentes que conducen a problemas de conducta. Este artículo, sin embargo, se concentra en las dos tendencias identificadas por Koestler, que integran a una persona como «un holón, una entidad de carácter bifronte, que mira hacia adentro viéndose como un todo autocontenido, y hacia afuera como una parte dependiente».
La tendencia autoafirmativa, una de las caras de Jano, es la inclinación del ser humano a reforzarse a sí mismo de diversas maneras —información, conocimiento, amor propio, autocultivo— asegurándose como ser completo e independiente, capaz de actuar de forma autónoma.
Por otro lado, la tendencia autotrascendente, la otra cara de Jano, es la antagonista: expresa la dependencia respecto de un contexto más amplio al que se pertenece. Integra al individuo en un grupo y permite compartir la información adquirida mediante la conducta autoafirmativa, así como las habilidades que conducen al desarrollo trascendente.
La polaridad de estas tendencias es el foco de este artículo. Una inclinación desequilibrada hacia la tendencia autotrascendente conduce a obsesiones con los grupos, fomentando el fanatismo en los terrenos religioso, político, económico, racial e ideológico. Comprender los defectos del diseño de nuestra especie es esencial, pero aquí nos concentramos en las tendencias duales que Koestler identificó.
La razón ayuda a evitar caer en cualquier forma de fanatismo. ¿Es razonable la guerra? ¿Sí? ¿No? ¿Por qué? ¿Cuáles son los motivos de la guerra: religión, ego, política, poder, racismo, clasismo, deseo de control? Todos comparten una inclinación desenfrenada hacia la autotrascendencia, un deseo de dominio e influencia. Ahí es donde la influencia de la tendencia autoafirmativa se vuelve crucial.
En la privacidad de mi habitación puedo conectar una palabra con otra para articular una idea, gracias a las reglas ortográficas aprendidas en la escuela. Esta experiencia común de aprendizaje humano refleja una tendencia innata —quizá genética o física— a reforzarse, aprender y autocompletarse. Esta tendencia es crucial para definirnos y para relacionarnos con los demás. Es la tendencia autoafirmativa la que nos integra a un grupo al hacernos «parte» de él.
La inclinación desequilibrada hacia esta tendencia deriva en complejos, como el de Narciso, y en conductas antisociales o extremistas que no se exploran en este artículo.
El ser humano padece demencia, pero el impacto depende de su conciencia, de cómo le afecta y de la voluntad de atenderlo. Las tendencias autoafirmativa y autotrascendente oscilan en ondas, atadas a nuestras emociones. Una domina en un momento dado; la otra prevalece en otro. La plena conciencia de esto nos permite mantener el equilibrio entre estas dos caras de Jano, mirando hacia adelante y hacia adentro sin caer de la virtud y la razón, permaneciendo dentro de lo lógico y lo justo. El autoanálisis nos permite trascender. Seamos libres, pero conscientes de nuestras tendencias. Este es un deseo humilde.
Nuestra mirada es la del dios que nos contempla.